Los primeros 1000 días de vida


Hoy día los médicos se toman el tiempo de preguntarle a sus pacientes si conocen su peso al momento de nacer. Además, les explican que es posible que la diabetes, la intolerancia a la glucosa y la hipertensión, entre otras enfermedades que padecen, pueden haber tenido su origen en los cinco kilos que pesaron al nacer, que hacían sentir orgullosa a su madre, pues tenía un niño que en su momento lo definían como sano y hermoso. Esto le puede resultar incomprensible o algo de ciencia ficción, pero las implicaciones de la relación del peso al nacer con algunas enfermedades están cada vez más claras para los médicos, investigadores y nutricionistas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2001, en su 54 Asamblea Mundial de la Salud, exhortó a los estados miembros a promover la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida e iniciar la alimentación complementaria después de ese periodo. Manteniendo la lactancia materna por el tiempo que la madre y el niño deseen, con el fin de garantizar que los pequeños alcancen todo su potencial de crecimiento, desarrollo y salud, con especial cuidado en los primeros 1000 días de vida del lactante y el niño pequeño, con los beneficios que representan en la prevención de las enfermedades crónicas del adulto.

Actualmente, ha tomado gran importancia el periodo que abarca desde el momento de la concepción hasta los dos años de vida, periodo de rápido crecimiento y que brinda una oportunidad única para que los niños obtengan los beneficios nutricionales e inmunológicos que van a necesitar el resto de sus vidas. En esta etapa se forman el cerebro, los huesos y la mayor parte de los órganos y tejidos, así como también el potencial físico e intelectual de cada persona. Los daños que genera la desnutrición durante estos primeros dos años tienen consecuencias irreversibles en el individuo, por lo que la prevención es fundamental.

Todas las alteraciones que padece un niño durante esta etapa generarán morbimortalidad alta y afectación en el desarrollo mental y motor. En el largo plazo pudiera estar ligado a un bajo rendimiento intelectual, una merma en la capacidad de trabajo, en la salud reproductiva y en la condición de salud general durante la adolescencia y la edad adulta.

Todo lo anterior, dibuja un panorama en el cual la desnutrición se vuelve un círculo vicioso. Es muy probable que una niña desnutrida dé a luz un niño desnutrido, que en conjunto con prácticas inadecuadas de lactancia materna y de alimentación complementaria y diarreas frecuentes, son las principales causas de desnutrición en los primeros años de vida y del incremento en las muertes de los niños menores de cinco años. Es esencial que las personas que se encargan de cuidar a los infantes reciban la orientación adecuada de la alimentación de lactantes y de los niños pequeños.

Existe una creciente evidencia que coloca a la nutrición como un factor ambiental que tiene incidencia en diversas enfermedades tanto crónicas como autoinmunes. El efecto se inicia a nivel epigenético, durante el embarazo debido a que la nutrición de la madre afecta el crecimiento del feto y de igual manera puede impactar el desarrollo durante toda la infancia.

La hipótesis de programación fetal propone que la desnutrición fetal es el resultado de la alimentación deficiente de la madre y problemas de transferencias de nutrientes de la madrea al feto. Frente a una amenaza para la supervivencia el feto realiza adaptaciones para limitar el crecimiento, priorizar el desarrollo de los tejidos esenciales y acelerar la maduración. Ocurre una reducción en la secreción y en la sensibilidad de las hormonas que conforman el eje hipotálamo-pituitaria-adrenal y los cambios que se producen durante estas adaptaciones permanecen en el feto y el lactante. Se ha comprobado que hombres y mujeres que tienen mayor riesgo de padecer enfermedad cardio metabólica son aquellos que experimentaron privación temprana o tuvieron peso bajo al nacer y que presentaron sobrepeso en la etapa adulta.

Resulta de vital importancia, garantizar y mejorar la salud y nutrición de las niñas y mujeres jóvenes así como la nutrición del lactante, que puede impactar favorablemente reduciendo el costo de las enfermedades crónicas de los adultos, al reducir la carga epidemiológica y el gasto en salud de los gobiernos. El éxito de la intervención estará garantizado cuando se modifiquen las conductas indeseadas y se favorezcan las prácticas saludables, adecuadas, inocuas y oportunas durante la etapa que va desde la fecundación, embarazo, parto hasta los dos años de vida. La atención a los primeros 1000 días de vida es la clave esencial para una vida sana.


Bibliografía